miércoles

Jamón de York

En cuanto el jamón de york entra en una casa de manera habitual, malo. No malo malísimo, pero suele ser síntoma de alguna dolencia.

En mi casa -supongo que como en la mayoría- somos más de jamón serrano, hasta el punto de que hace ya casi veinte años, nos inventamos una fiesta, con motivo de otra menos carnal, a la que bautizamos como "La Fiesta del Jamón", que celebramos todos los años el último domingo de Octubre, en el que de una sentá nos trinchamos un jamón y a Cristo por los pies si hiciera falta. Se ha desvirtuado un poco desde que al jamón lo acompañan unas aceitunas de la tierra, un bacalao con tomate made in Cuadritos que no tiene parangón, y esos primos hermanos del homenajeado manjar en cuestión, de los que soy más devota: lomo, chorizo, salchichón y colesteroleicos varios, como ese magnífico queso de mi madre. Por eso decía -y mantengo- que el jamón de york suele ser mal de muchos y consuelo de tontos.

Sea cual sea la dolencia que uno tenga, hay que comer jamón de york. Que digo yo, que cuando uno está "gastroenterítico" perdído no viene mal tan preciado fiambre, pero en la práctica su uso es mucho más extenso: que te duele una muela, cómete un poco de jamón de york; que estás con astenia primaveral y no te apetece probar bocado, cómete aunque sea un poco de jamón de york; que te han operado de un juanete y no puedes andar, un poco de jamón de york no te va a quitar el dolor pero te sentará bien...

Hace buena coyunda el jamón de york con los yogures y los zumos, nunca he entendido muy bien ese trinomio lacteo- agridulce, pero tiene su gracia.

Pasa algo parecido cuando sales de viaje, aunque sea a 90 km de tu casa. Me explico, una se puede tirar ocho horas currando sin pegar más bocado que un triste café de máquina, o tirada en el sofá toda la tarde sin asaltar la nevera, y en cambio, sales de viaje para un par de horas, y preparas para el camino una bolsa que más de una querría para pasar la semana, a saber: los bocadillos, las cocacolas, las patatas fritas, los gusanitos, unas galletas con chocolate, los chicles,... vamos, que o te pegas el atracón y dejas el coche como si fuera un estercolero, o cuando llegas a destino te toca comerte el bocadillo de tortilla como si fuera un bollycao al que en vez de chocolate le han metido un plástico amarillo salado como los perros.

No se aconseja el jamón de york para relleno de bocadillos viajeros, dicen que se agría con facilidad y es enemigo de los calores, como la tortilla de patatas o la ensaladilla rusa.

LLeva una temporada mi madre que compra jamón de york en cantidades industriales,y mis tias van y vienen con merluzas frescas y relucientes, y filetes de ternera rosados y jugosos, y hasta esta que escribe se pasa la tardes inventando recetas de evasión -para mí que me distrago mientras las preparo- y victoria, como si el alimento fuera la llave que devuelve la salud. Debe ser así, mi padre tiene un aspecto inmejorable, sonrosado como los filetes, fresco como la merluza, activo como los bífidus esos de los yogures... para comérselo, como esas torrijas de vainilla con almíbar de ron que inventé hace unas tardes como sortilegio ante la tristeza.

Es un gesto muy amoroso ese de preparar comida a quien quieres, pero no lo es menos -aunque mucho más sacrificado- subir de rodillas a Guadalupe, llamar todos los días, sentir que en las buenas noticias y en las malas, hay tantos hombros alrededor... gracias por lo que siento y no sabría escribir, a mis tias, a mis tios, a mis primas y primos, a los extremeños Pedro y Manolo, a Estíbaliz por mover los hilos, a Ana P. por su interés, a Angel por tener amigos en el infierno y ayudarnos a salir de él de la mano de Gema, a mis ángeles que siempre están aunque no ya no estén, a Lourdes y Yoly por entenderme como ni siquiera yo misma me entiendo, a Inma V. por su carne de gallina , a Ignacio M. por su "tatuaje" de vida y sus dosis de ánimo incomparables, a Azucena y Paquito porque por primera vez hemos sentido lo mismo en el mismo momento,a mi amor y a los vuestros por estar, ser y sentir a nuestro lado, a mi madre por multiplicarse y por transmitir fortaleza desde el pánico, y por último a mi padre; gracias papá por sobrellevar nuestra angustia mal disimulada y tranquilizarnos sin el menor atisbo de flaqueza y una fortaleza imbatible.

Hala, ya lo se soltado, me quemaba en la garganta. Ahora, toca merendar... y para pasar el trago, no se me ocurre nada mejor que un zumito con un poco de jamón de york

jueves

Medina

Por más que nadie permanezca del todo ajeno a lo que ocurre alrededor, hay cosas que uno sólo acostumbra a ver desde muy lejos, como si de una forma extraña pudiera protegerse de ese tipo de cosas que sólo se ven en la tele o sólo le ocurren a los demás. Y por más que uno se empeñe en negarse a la realidad, llega un día, casi siempre de manera más o menos inesperada, en que la realidad te suelta una verdad brutal, y te despierta a hostias de esa especie de ostracismo en el que vivimos de espaldas al mal ajeno.


Y por más que resulte difícil escribirle una carta, hasta hace un mes había tenido la suerte, la enorme suerte, de no tener que vivir una situación más difícil que escuchar de la boca de un compañero suyo que tenía -como en el chiste- dos noticias que darnos: una buena y una mala. “la mala es que tiene un cáncer en el colon, la buena, es que es posible el tratamiento”.


En ese momento, no existe buena noticia después de la mala, es con el tiempo cuando repasas mentalmente todas y cada una de las palabras: intervención, tratamiento, curación.


Hoy hace un mes de aquella noticia. Y dos días desde la operación. Ha pasado poco tiempo y sin embargo tengo la sensación de que ha sido interminable. No sé lo que ocurrirá a partir de este momento, supongo que tendremos que vivir la vida según venga.


Esta carta nace con vocación de agradecimiento y por ello, le doy las gracias por explicarnos lo inexplicable, por su paciencia ante nuestra impaciencia, por permitirnos depositar en sus manos nuestra confianza, por transmitirnos tranquilidad frente a un desasosiego que no conocíamos, por desvelar a voz en grito el secreto de su sonrisa temprana.


El mayor atractivo no son sus canas, ni su facilidad de palabra, ni su hechura de galán maduro, su mayor atractivo es la cercanía que trasmite a pesar del “usted” que emplea con respeto y sin ambages y esa extraordinaria facultad de transformar el pánico en esperanza, ese es su imán, por eso, indefectiblemente, nos ha conquistado.

Sería injusto por mi parte no hacer extensivo mi agradecimiento a sus colegas, desde el doctor kilométrico con nombre de folklorista argentino, Atahualpa, a Pedro, el doctor más solícito -y guapo- del Gregorio Marañón. Gracias a quienes no podría poner nombre ni cara y sin embargo han trabajado con usted y han participado de la curación de mi padre.

Probablemente sea una carta prematura, pero llevaba días queriendo recuperar mi pasión por la escribanía y no he encontrado mejor motivo para hacerlo. Hace una semana mi padre se retorcía de dolor y en este momento está saboreando un puré de calabaza con el ansia controlada, y aún, cierto temor, a que el puré no encuentre la zona de salida y se pierda por sus tripas, aún revueltas.

Esta plañidera ocasional que escribe ha recuperado la sonrisa -y casi el sueño- y como si de una groupie quinceañera se tratara, luce y muestra orgullosa el mejor autógrafo: una casi imperceptible costura de unos diez centímetros en ese tramo de piel en el que hace sólo dos días se alojaba un "okupa" de mal pelaje.

Gracias por la firma, Medina. Gracias.

miércoles

PLAY

No me niego a conocer más gente de la que ya conozco, pero a mis 36 años ya conozco a quien quería conocer y he procurado que formaran parte de mi vida.

No pretendo ser grosera cuando digo que alguien no me importa, y supongo que es difícil de entender a tenor de la polémica que suscita mi discurso sobre la amistad, pero es que realmente, salvo la gente que me importa, el resto no me importa nada. Nada de nada.

Por tanto, a quienes en mi vida tienen importancia cero, les dedico mi tiempo, mi ironía y mi más sincero alegato, sólo hoy, que me apetece, y porque me da la gana:

1.- Si hay algo que detesto es la mezquindad, y es del todo mezquino que quien no goza de mi simpatía - y es conocedor de ello- haga lo posible y lo imposible por agradarme.

2.- No cuestiono -porque me es indeferente- la bondad ajena aunque la distinga perfectamente, y por ese mismo motivo, me la sopla literalmente que se opine de mi persona o se juzgue en mi contra o a mi favor sin conocerme.

3.- No soy guay. Ni si quiera estoy muy segura de saber qué es guay, pero si en algo se parece serlo a regalarle los oídos a la gente con halagos vacíos y preocupaciones fingidas, desde luego, NO SOY GUAY.

4.- Si me cuesta reir es porque muy poca gente me hace gracia, y cuando muestro la mejor de mis sonrisas, que es algo que no me cuesta nada, no te equivoques: no es que me estés encantando, es que me hace más mona.

5.- No parezco seria. Lo soy. La seriedad tiene poco que ver en mi caso con la tristeza. Me gustan la puntualidad, el compromiso, la lealtad, el respeto y la disciplina. Aún a riesgo de que quien no me conozca pudiera confundirme con un militar de la reserva.

6.- No soy moderna porque lleve unos zapatos atrevidos, ni porque mis bolsos sean más o menos llamativos. Es más, no soy moderna. El modernismo está anticuado. Yo creo tendencia. Recuerda, la única forma de que te sigan es ser el primero.

7.- Las gordas no tenemos por qué ser simpáticas. Sería tan generalista y absurdo como decir que todas las rubias son tontas, o que todos los gays son divertidos.

8.- A la pregunta ¿dónde te compras la ropa? lamento no poder decir que en Júpiter, dónde ya me gustaría ir aunque fuera sólo por coincidir con el Coto Matamoros más sideral, y sí, efectivamente, la ropa me la compro donde se la compra todo el mundo, por tanto, la pregunta además de obvia es de lo más gilí. ¿O acaso alguien espera que le conteste que me la compro en Ikea o en Leroy Merlin?

9.- No soy chula, soy flamenca. Este punto paso de desarrollarlo. O lo entiendes, o no lo entiendes.

10.- Por si hubiera alguna duda, soy normal, a veces amable, a veces borde, lo suficientemente tonta para creer que se puede ser feliz y lo suficientemente inteligente para no morir en el intento; absurda dentro de los parámetros de la cordura, hirientemente sincera, notablemente incomprendida y no por ello menos amada, y esencialmente...

11.- Si me conocieras, sabrías como continuar la frase anterior. A quien no me conozca, le ofrezco la oportunidad de que se equivoque.

GAME OVER

viernes

Morfología del amor (III)

Amanece un nuevo día que podría ser distinto, y sin embargo, Maite tiene la certeza de que será gual mientras la cafetera exprime los posos de un café que en nada se parece a un buen café.

Hacer las camas, colocar la vajilla que quedó escurriendo la noche de antes en el fregadero, barrer, ir al mercado, preparar la comida -¿qué hago hoy?-,y salir casi con la hora pegada al colegio en busca de Mario. De vuelta a casa, las lentejas originan el enfado de Mario; Bob Esponja, o como quiera que se llame el dichoso dijujo animado, facilita algo las cosas, pero no hace milagros.

Las tardes son eternas en esa casa en la que el frio se ha instalado y no tiene intención de irse por el momento, y se hace de noche enseguida, y mientras Maite recoge la ropa de la cuerda, piensa que no tiene ganas de planchar hoy, y que quizás mañana tampoco tendrá ganas, pero lo hace porque de algún modo, cree que es la única forma de matar el tiempo antes de que el tiempo acabe devorándola. Mario garabatea y colorea círculos, y apura un vaso de leche, y ella le mira, y le besa y él le dice "mamá no seas pesada".

Antonio llega tarde y cansado, y es así siempre, incluso cuando sale antes de trabajar, incluso cuando no ha dado un palo al agua en todo el día porque no había nada que hacer. Maite aún confía en que cuando le vea entrar por la puerta, se escape toda la tristeza que lleva ya mucho tiempo amargándole las noches y los días, pero sigue ahí, cuando el beso de Antonio sigue pareciéndole frío, cuando en vez de escuchar qué tal el día, un grito se escapa desde el cuarto de baño preguntando qué hay de cenar.

A Maite le encanta el olor de Antonio cuando sale de la ducha, y su piel brillante, y su cuerpo enrollado en la toalla y aún más cuando trastea en la cocina y de pronto siente su abrazo por la espalda, y las gotas de su pelo húmedo resbalan por su cuello, y siente su miembro a través de la toalla, a la vez que una mano recorre su pecho por debajo de la blusa. Pero hace tiempo que no ocurre.

-Chati, traéme una cerveza
Que te la lleve tu puta madre, cabrón. Es lo que piensa en ese momento, y lo dice en voz baja, y hace como que no ha oído porque sabe que en menos de un minuto volverá a escuchar -esta vez más fuerte- la misma frase.

Suelta la cerveza encima de la mesa, al lado de una bandeja de pescadilla rebozada que acaba de sacar de la sartén y que se retuerce entre burbujas diminutas como si la hubiera frito rebozada en petazeta.

- Chati, ¿otra vez pescado?

- Si, otra vez.

Maite no tiene ganas de discutir, ni siquiera tiene ganas de cenar, se metería en la cama y dormiría hasta que su mundo cambiara, pero como sabe que eso no ocurrirá y que lo único que pasaría es que la noche se alargara más, prefiere comerse la pescadilla, y un yogur, y dar por terminada la cena con una trago de agua que acompaña -desde hace ya dos meses- con un lexatin.

Se sienta en el sillón y se enciende un cigarro. En la tele sale una inglesa que baila flamenco y que se enamoró de un persa que toca la guitarra, se les ve tan distintos ... y tan felices.

Antonio recoge la mesa, apila los platos y los vasos sobre el fregadero, deja el trozo de pan que ha sobrado sobre la encimera, y cuando llega al salón, aún humea la colilla del cigarro, pero Maite se ha dormido, ovillada en sí misma.

- Joder, te pasas el día durmiendo

Maite no está tan profundamente dormida como para no oirlo,pero mantiene los ojos cerrados. Sabe que si los abriera, Antonio empezaría a tocarle, subiría una mano desde la rodilla hasta su sexo y en apenas cinco minutos acabaría corriéndose entre sus muslos.

Maite no tiene ganas, y lo achaca a las pastillas, pero sabe perfectamente que no tiene ganas porque querría sentirse amada no utilizada como un desahogo.

Ni siquiera tiene la delicadeza de cubrirle con la manta, en cuanto termina de apurar el whisky se va a la cama, y Maite se queda sóla, aunque en su sueños, por suerte, todo es diferente.

jueves

Arturos

Va a ser verdad eso de que en la famosa casa de GH todo se magnifica, y ha llegado esa magnificencia tan lejos, que por magnificarse se magnifica en el plató, y fuera del mismo cada vez que salen a la palestra Arturo, su delfín y su modus operandi. No sólo es tema de debate de programas de televisión (o neorealismo televisivo que lo llaman ahora), trasciende a la calle, a los desayunos de oficinistas mileuristas y allá donde haya una defensora del feminismo mal entendido o un detractor del macho ibérico. Ni calvo, ni con dos pelucas.

En mi opinión, nada extrema, escucho a unos y a otros, y me pregunto si la cuestión no será que deberíamos empezar a admitir sin escrúpulos, que Arturo es un tipo de hombre que irrita tanto porque gusta mucho.

Dramatismos fuera, yo, y la mayoría de mujeres y hombres a los que les gustan los hombres que conozco, hemos tenido un Arturo o mataríamos por tener un Arturo, aunque sólo fuera para sofocar el calor que producen esos ojos verdes.

Mi Arturo se llamaba Mihai, pero también podría haberse llamado Juan, y es ese tipo de hombres que no se toman la molestia de regalarte el oido prometiendo amor eterno porque sólo buscan sexo. Ni siquiera creo que sea egoismo, suelen dejarlo bien claro, pero creemos que con algo de tiempo seremos capaces de enamorar al hombre después de darle de comer a la bestia a base de sexo más o menos salvaje.

Se habla demasiado de la libertad sexual, pero los argumentos pierden fuelle como la espuma de una cerveza en cuanto pasamos de la teoría a la práctica.

Arturo es el canalla de discoteca, la envidia de los que no mojan el churro, el blanco perfecto de las mujeres que son capaces de tener sexo sin amor sin sentirse culpables, y en definitiva, un tipo de 33 años al que quieren crucificar algunos, al que la boca que le pierde es la de la polla, que esparce semen como un surtidor.

Nos han educado a muchos en la creencia de que el sexo sin amor es caca. El sexo es fantástico cuando lo haces con quien quieres hacerlo, haya amor o no, y cuando lo haces con alguien con quien no quieres hacerlo es violación. Por eso no soporto cuando Indhira dice "cuando te acostabas conmigo..." a ver, guapa, hasta donde yo he visto, cuando Arturo se ha acostado contigo es porque tú te has acostado con él, y la mayoría de las veces, esto ha ocurrido porque le has puesto cachondísimo, cosa que está muy bien, y que no requiere de un gran esfuerzo tratándose de coyuntar con Arturo.

No apruebo sus comentarios despectivos hacia nadie, del mismo modo que los condenaría si en vez de ser un hombre fuera una mujer, pero me temo que ha sido muy fácil encontrar en su actitud motivo de debate. En este caso también se magnifica.

Queremos alguien que nos quiera, que nos respete, que nos cuide y que nos haga felices cuando buscamos una pareja, un compañero de vida, un amor... pero quién ha dicho que para follar y pasarlo pipa fuera necesario que después de echar un polvo te frotaran la espalda con la esponja y te llevaran el desayuno a la cama? Arturo, probablemente sería una nefasto marido, pero como amante es incuestionable.

La hipocresía y la envidia son males endémicos a la altura del feminismo trasnochado y el machismo de manual.

Arturo no es más que el landismo en estado puro, a pesar de los tatuajes, los piercing y los condones de sabores, lástima que aún haya muchas mujeres a años luz de la mentalidad de aquellas suecas que echaban su polvito sin complicarse la vida y sin esperar a cambio algo más que un orgasmo.

Aunque sólo sea porque gracias a ellos supe con qué tipo de hombre quería compartir mi vida, conservo en mi memoria con respeto y cariño a mis "arturos"... y si esto es ser machista, pues va a ser que soy machista. ¿o no?

domingo

Morfología del amor (II)

Anunciaban en la televisión que había muerto la más grande, Jesús le explicó a Marta que la más grande era Rocio Jurado, y Marta se revolvió del sillón y desde su aplastante coherencia de niña de seis años, espetó:
- La más grande soy yo

Marta sabe que tiene un padre y una madre, que estuvieron casados veinte años, que antes que ella nació su hermano, y que desde hace ya cuatro años, tiene dos casas. Marta no etiqueta, no distingue, no cuestiona; discute con Jesús y juega con él hasta que su paciencia le permite enfrentarse a una hiperactividad injusta para una niña.

Antonio disfruta de su nueva vida, a fin de cuentas, ha estado demasiado tiempo viviendo una vida que no quería: la factura de un matrimonio como dios manda es excesivamente elevada.

No hay que explicar mucho más, realmente, no es más que una historia de amor como tantas otras... la diferencia, es que a los 40 años, por más que uno lo intente, es imposible recuperar el tiempo perdido, aunque a esa edad, que alguien no entienda cómo es posible que Antonio encuentre su felicidad en Jesús es algo que ni siquiera tienen en cuenta. Como debe ser.



Cae la noche y con ella las luces
que dan paso a luces disstintas,
siluetas diferentes,

Hay un cielo mucho más cercano
que el que se vislumbra tras los cristales
de esa ventana.

Azules casi verdes, casi negros,
azules como un mar inventado.

Se adentra la noche
y un segundo antes del sueño
ese mar se vuelve ultravioleta
para envolverme
commo se envuelve la manzana
en la mano de quien la siembra

Y cada noche se transforma
aunque siempre sea igual:
un encuentro, una despedida,
un mundo dentro de otro mundo.

De qué servirían si no las noches

Morfología del amor (I)

Al salir del ascensor aún conservaba un encogimiento lumbar y adolescente propiciado por un intercambio de saliva no tan adolescente y casi furtivo. El mostraba una excitación no solo sexual, ella ni siquiera quiso adjetivar su estado caótico: mentalmente, hay situaciones en las que es mejor ceder espacio al arrebato.

Frente a ellos se mostraba elegante y discreta una puerta lacada en blanco con minimalistas apliques metálicos, que les daría paso a un apartamento aséptico, funcional, y nada acogedor. El orden posee la extraña virtud de restar confortabilidad.

Pensó Rosa que la frialdad favorecía muy poco el acercamiento, a fin de cuentas, era su primera cita con aquel señor con el claro objetivo de llevar a la práctica una teoría que llevaban cierto tiempo practicando, y en el intento de superar ese mínimo obstáculo, tomó el mando a distancia del aparato de aire acondicionado y apenas hubo apretado el botón de encendido, Javi la tomó por la cintura, le besó los labios y avanzó sobre ella torpemente haciéndole caer sobre la cama.

Javi tenía las cejas pobladas en exceso, los ojos tristes y acuosos, la nariz ancha y torcida, los labios gruesos, los dientes blancos, infantiles, el cabello ensortijado y canoso, y aún con esa falta de armonia en el rostro, desde aquella primera vez que se vieron, a Rosa la pareció un tipo irresistible. Conforme fue desvistiéndose, dejó ver un cuerpo casi atlético, una piel más clara de lo que ella habría imaginado, unos brazos fuertes, los hombros rectos, las piernas fibrosas, los glúteos tersos, la polla delgada, ls pies grandes, el pecho firme. Un cuerpo realmente bello, pensó ella.

Sintió mezcla de pudor y excitación mientras Javi le desabrochaba la blusa y sus pezones desputanban sobre el sostén negro, y sin embargo estaba encantada de que fueran aquellas manos y no otras las que en ese momento acariciaran su piel ligeramente temblorosa. Se descubrieron y exploraron con prisa temorosos de que el reloj avanzara en su contra. A fin de cuentas, se encontraban en el lugar adecuado y con la persona deseada porque así habían decidido que fuera, pero detrás de esa cita había un entramado de mentiras que les alejaría de cualquier sospecha ante sus parejas.

Esther estaría zambullendo su cuerpecito de niña de 7 años en la piscina hasta que pasara a recogerla Marcos, -mañana tendrás que recoger a la niña de natación, recuerda que tengo ginecólogo y no he podido cambiar la hora- le había advertido la noche de antes a su cita, mientras Rosa fingía una naturalidad libre de sospecha y Marcos estudiaba los planos de un proyecto incipiente.

Fue algo más difícil para Javi, quien además de descontar de su agencia de publicidad tiempo para un revolcón, debió arañar un par de horas más contando con que el desplazamiento supondría algo más de tres horas entra la ida y la vuelta.

- Me acaba de llamar Nacho, mañana viajamos a Barcelona, tenemos un posible cliente algo exigente y ha organizado un almuerzo para negociar su próxima campaña, un empresario de la vieja escuela, ya sabes, de esos que mandan a la secretaria abrir el correo electrónico porque no sabe ni encender el ordenador...

- ¿Vendrás a dormir?

- Si, supongo que sí

Ana llevaba mucho tiempo sospechando que Javi había dejado de estar enamorado de ella. Nunca tuvo la certeza de que realmente algún día lo hubiera estado realmente, de hecho el suyo fue uno de esos matrimonios predecibles. Habían sido amigos de niños, se conocían de toda la vida, y fueron el uno para el otro la primera persona con la que tuvieron algo más que una amistad, por eso cuando Ana se quedó embarazada a los 17 años, nadie se extrañó y nadie planteó que hubiera otra posibiidad que no fuera organizar una boda como las de entonces.

Javi mostró desde el primer momento unn deseo irrefenable, apresurado, quizás motivado por tantos años de hastío y sexo cotidiano con Ana. Rosa, se percató enseguida de tal voracidad, que por momentos le resultaba apeecible, y por momentos convirtió la situación en algo incómoda. Ella era feliz con Marcos, y desde luego, mantenían relaciones sexuales satisfactorias, aunque naturalmente, la excitación que le produjo mantener relaciones sexuales con un casi desconocido le recordó a aquellos primeros encuentros con Marcos, ya tan lejos en el tiempo.

Trasncurrieron los minutos, una piel deslizándose sobre la otra, unos cuerpos cada vez menos desconocidos, y sin embargo, um hambre agigantándose dentro de ellos, tan insaciable, que a poco que apuraran los minutos antes de volver a sus vidas, les valdría, no en vano, para mantener viva la llama de la necesidad de la teoría -y ahora sí- de la práctica.

Quién diría que algo así no fuera amor.

I love snow

Siempre ne ha gustado el calor, el verano y todo lo que permite un termometro por encima de los veinte grados, pero este invieno me gusta y me ha hecho encontrarle el punto a las bajas temperaturas, los copos de nieve y el viento racheado.
Del argot metereológico, del que se a aprende a fuezra de escuchar con más o menos fruición las previsiones, siempre me ha llamado la atencion ese rocambolismo del mapa de isobaras, que consigue parecer una expresion de lo más moderna siendo más antigua que mear de pie, gesto este, que he envidiado de los hombres desde mi más tierna infancia, esa amisma en la que las chicas buscábamos el cobijo de un coche y los chicos podían maniobrar su impronta urinaria de cara a la pared, con solo bajarse la goma del chandal.

Hoy las niñas, me cuentan que se entretienen viendo documentales de Einstein, manda gúevos, a la edad en la que yo lloraba como una madalena -sin saber por qué- viendo a Laura Ingalls bajando correteando por las apacibles montañas de La Casa de la Pradera. Haciendo algo de memoria, llego a la cuenta de que las niñas de los documentales -y ese canal de inglés para gilipollas- apenas llegan a los dos años, y yo tenía alguno más, pero ya pintaba lerda y sensible. A pesar de eso, mi manejo de la lengua dio más que buenos resultados cuando el idioma se convierte en asignatura, y más tarde aún. incluso cuando se codeaban con el inglés el francés, el latín, y el griego. Lo dicho: la gente de letras nos pasamos de románticos.

Otro de los términos por los hombres y mujeres del tiempo, es anticiclón, y no me gusta nada, y no sabría decir por qué, quizás sea porque tengo cierta reticencia a los "anti", por sistema por más que el prefijo casi siempre sea en beneficio de algo, pero recuerto la antitetánica, por ejemplo, y a pesar de que presenta al tétanos como un monstruo terrible, resulta mása horroroso el nombre que el pinchazo.

Hoy hace menos frio, casi que echo de menos ese vaho que se esfuma por la boca como la fumarola de un vocán.

Hahití... ya hablaré en otro momento de los escarmientos de la Madre Naturaleza, ese hijoputismo absurdo en cargarnos lo que nos es dado no se anda con chiquitas.

Mejillones vinagreta, horas extras, "playerito"... anda que no hay plancha! Y yo con estos pelos!

domingo

Bye bye 2009

Ocurre todos los años por estas fechas, ocurre y no trato de evitarlo, porque en el fondo me reconforta, y me refiero a esa predisposición a que en el balance de lo ocurrido durante el año, el platillo de las cosas malas se pulverice como papel quemado.

Quiero una vez más, quedarme con lo bueno, con lo que me ha hecho feliz, con lo que ma hace la vida más fácil, con lo que me emociona, con lo que me hace sonreir, y dejar en la caja negra del 2009 todo aquello que hace que a veces pierdas la ilusión, la paciencia y la confianza.

Brindo por mantener esta felicidad algo más que moderada, por generar la ilusión necesaria para vivir al otro lado de la amargura, porque los míos sigan como hasta ahora...

Bienvennido 2010

martes

La prima del "Chino"

Advertida de un frío aterrador y bajo amenaza de lluvia, emprendimos el viaje como el que planea una excursión a la Antártida, otorgando preferencia en el bolso a la pelliza en detrimento de esos potingues de los que soy tan asidua. La única extravagancia fue depositar en el neceser un par de muestras de Cartier que no han logrado disipar el tufillo a hoguera, algo que dicho sea de paso, es mucho más llevadero que el irrespirable humo de los tizones: que lo diga una adicta a la nicotina tiene cojones. Pues sí.

Que en cuestión de hora y media recorriéramos más de la mitad de la oferta hostelera de un pueblo de tres mil quinientos habitantes, dio como resultado una media tajada vespertina a esta que escribe, que en cuanto me sacan de la cocacola me pierdo y veo muestrarios de pollas donde sólo hay dedos, pero ¡qué dedos!

Escalofrío siento de imaginar esas manos que podrían convertir una caricia por la espalda en un trasiego de chorizos despeñándose. No caí en la cuenta en aquel momento de poner atención en otra parte de su cuerpo, tal obnubilación me produjo la carnosa caja de Farias sobre la mesa, y mejor que así fuera, porque si en ese momento me da por mirarle a la cara y en vez de un pozo me encuentro con una nariz humana, juro que pego un telefonazo a mi padre y con la taladradora en modo percutor, barrenamos hasta hacerle un orificio del tamaño de esos dedos antes de que el buen hombre muera por no haber podido desalojar mocos en años.

Sobre medianoche, el sueño acumulado y los madrugones -también acumulados- comenzaron a hacer estragos. Qué lejos estoy de parecerme a la que un dia fui. Mientras Antonio y Jose finiquitaban una ración de magro con tomate en el Chaplin, a mi se me saltaban las lágrimas de sueño, muy fuerte, maricón, así que mi prima, que es muy larga y me conoce como pocos, anduvo sueltísima y eficiente cuando nos invitó amablemente a marcharnos a caer en brazos de Morfeo. Yo andaba justa de ganas, la verdad, más que nada por el miedo que me daba la sola idea de pernoctar en una casa desconocida sin más compañía que la de mi adorable contrario, que es tanto o más cagón que yo, pero tiene un sueño más voraz y lo disimula bastante. Me atormentaba la idea de que en aquella misteriosa casa -por desconocida- hubiera muerto alguien en la misma cama sobre la cual iba a pasar unas cuantas horas, y me tranquilizó muy poco la sonrisa de ana quitando importancia al asunto.

A quien nos conozca no le resultará nada difícil comprender que dos cuerpos como los nuestros en una cama como aquella, deja poco espacio para que ni siquiera el fantasma de un difunto -Darín, esta me la pagas- pueda colarse entre las sábanas, pero un ruido que parece que sólo yo oía se me metió en la cabeza, y ni aún encendiendo las luces pude averiguar su origen, así que presa de la ansiedad -y del medio pedo- tiré por la calle de en medio, me tapé hasta las cejas, y rogué en silencio que no se me apereciera ni un muerto ni un vivo. La cosa funcionó hasta las 4:00 de la mañana: un dolor de muelas me desveló por completo.

Desperté a mi roncador para que me trajera un vaso de agua, más que nada porque si me tengo que levantar yo, sólo de imaginarme que en mitad del pasillo me cruzo con el difunto, en vez de ir al concurso de las migas habriais tenido que velarme allí mismo, y el espidifén de albaricoque -lo aconsejo enormemente a los amantes del ibuprofeno- me proporcionó casi otras dos horitas de sueño, porque justo a las 06'00 sonó la alarma del móvil, y por fín, una vez despierta y ubicada, esbocé una sonrisa placentera de pensar que el móvil es gilipollas y no consiguió engañarme porque no tenía que ir a currar y me quedaban tres horas de cama.

Cuando ya le había cogido el punto a la dichosa cama y casi había perdido el miedo nos levantamos, recogimos y apareció un vivo: mientras Jose cargaba el coche Daniel asomó tras la puerta de la habitación, lo que supuso algo más que un alivio.

Nos dirigimos a casa de Antonia, desfile de pijamas, porras calientes sobre la mesa, y una manzanilla que no era manzanilla "dale rabo de gato" decía Antonio. Pues rabo de gato, a mí los rabos no me asustan, querido. Es más, me daban miedo -en mi fantasía- las sartenes con patas, pero visto lo visto, casi prefiero una sartén con patas a un jamón con alas.

LLegamos al campo de fútbol, al que si tuviera que poner nombre de película le pondría La hoguera de las vanidades, no hay más que ver el pavoneo de manchegos con sus bolsas de pan cortado disponiendo las lumbres con la chulería que da la experiencia, no como mi chico y mi chino, que arrimaban los palos con la suela de las zapatillas como el que juega a la pelota en el patio del colegio.

El primer y gran descubrimiento del día fue Antonio. Dios, ese hombre me encanta! Sólo un tipo como él es capaz de llevar un remolque con todos los arreos -"preparos" que decis vosotros- para un concurso de migas y p'a poner un mercadillo si se tercia.
Llevar un gorrito así no lo lleva cualquiera, pero ya acabó de "enamorarme" esa tapita de jamón y queso en mitad del tenderete en el que lo mismo se podía encontrar un cucharón que una garrafa de gasoil. ¡Qué apañao!

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Si vas a dejar algo en la nevera acuérdate de cerrar la puerta que se escapa el frío
.

Contando con que la nevera es una jaula,y que ya me había "conquistado" sólo puedo decir que es un auténtico personaje con un sentido del humor a la altura de su hospitalidad.

En vista de que los expertos en materia de hogueras ya lucían fogatas resultonas y a la mía le quedaban años luz para convertirse en ascuas, me dispuse a cortar la panceta y el chorizo y preparar mis cositas. Le confesé a Antonio que mi gran temor era que jamás había guisado en lumbre, y acabo de desarmarme con esa frase:
"me vas a decir tú a mí que es lo mismo hacer unas migas con la catalítica esa que sobre el fuego", pues no Antonio, yo, antes me doy un pespunte en los morros que llevarte la contraria, aunque llames
catalítica
a la vitrocerámica.

Debo admitir que las pasé putas con el humo, que me costó hacerme con la sartén, que por un momento pensé que haría el ridículo más espántoso ofrenciedo mis migas vallecano-andaluzas al jurado, pero cuando caí en la cuenta de que el objetivo principal era simplemente pasar un buen rato, liberé tensiones, me puse mi delantal de corazones por montera, me pegué tres bailes paleta en mano y con una coca-cola que me trajo mi chico me quedé como nueva. Mi mayor objetivo se había cumplido, así que sólo me quedaba seguir dsifrutando de la compañía lo que quedaba del día.

Me emocionó escuchar por los altavoces que Antonia había quedado entre los cuatro finalistas, quizás porque representaba la figura de mis abuelas, de todas las abuelas del mundo, y más tiesa que una vela y con más coraje que salud se presentó tan flamenca con su saco de pan y sus ganas, y su nietos y su pena de pensar que "ya es el último año que voy, quién sabe dónde estaré el año que viene". Ellos pensaban que lloraba de la emoción de que hubiera ganado, yo lloraba porque se me había quedado grabada una frase que me dijo mi prima la noche de antes.

Os hemos puesto en la cama tres mantas, no creo que paseis frio, además mi suegra ha quitado de su cama las sábanas de franela y las ha lavado y me ha dicho que os las pusiera para que esteis más calentitos. Por eso lloraba. Porque no había ganado la madre del Chino, ni la suegra de mi prima, ni la abuela de Daniel, había ganado la señora que se había quitado las sábanas de su cama para que nosotros durmiéramos bien.

Lo de menos, es que finalmente la rumorología se convirtiera en ciencia y obtuviera un premio con mis migas ansiosas.


Y sin más dilación, paso a detallar mis premios del día:

- A Antonia por su admirable coraje
- A Antonio por su generosidad sin límite
- A los amigos del chino por su hospitalidad y calidez
- A Alejo, Merce, Antonio, Nuria y sus proles respectivas, por su compañía. Con mención especial a los abrazos de Claudia.
- A Ana por lo que ella y yo sabemos, que es más que sangre
- A Daniel por su facilidad para entenderme y su amor incondicional
- A mi amor porque ser mi cómplice es muy difícil y lo consigue sin morir en el intento
- Al Chino por ser el mejor anfitrión y porque de manera indiscutible me quedo con el sobrenombre de la prima del Chino, y espero poder inscribirme con ese nombre tantas veces como pueda

A todos, gracias por hacernos sentir en nuestra casa

miércoles

Sartenes con patas

Dispuesta estaba y estoy a tirarme una tarde entera picando pan, a que nos caiga el chaparrón del siglo, a morir en el intento de unas migas exitosas que se conviertan en auténtico fracaso por esa extraña ley según la cual, resulta tan fácil cagarla cuando lo normal es que fuera lo contrario, fíjate, que con lo que me va un perfume, hasta no me importaría volver ahumada y oliendo a morcilla a la brasa, a pesar de que la morcilla me da un asco de morirme; hasta me había comprado una sartén hermosa, moderna y antiadherente, que lo que tienen en tu pueblo de vanguardistas vendiendo pan migadito - ¡bendito sea el señor!- lo tengo yo pa mis cacharros de cocina, que tengo una sartenes rosas como la mismísima pantera, que serían la envidia de la Barbie, en el hipotético caso de que la Barbie se metiera en estos fregaos culinarios en los que yo me meto pa desestresarme… y al final acabo de los nervios…

Hablábamos de lo poco que queda para el que a partir de ahora -y con o sin tu permiso- paso a nombrar como el concurso de los cojones, cuando al decirte tan ufana y orgullosa que hasta una sartén me había comprado para el evento soltaste esa frase diabólica que desde ese mismo instante retumba en mi cabeza: pero ¿será con patas, no?

No Ángel no, no es con patas.

Las patas son para las sillas, para las mesas, para las jirafas, para los perros, para los revolcones –a cuatro patas, claro- , y para todo cuanto se te ocurra, pero en mi casa no entra una sartén con patas; antes pego con loctite una gitana encima del plasma y pongo un pañito de ganchillo por encima del dvd, pero sartenes con patas –y tonterías- las justas.

Yo estoy acostumbrada a tener compresas con alas, pero una cosa es imaginar que alcanzas las nubes y descubres a qué huelen y otra bien distinta que yo abriera la puerta del armario de la cocina y viera como una sartén dobla sus patitas para coger impulso y saltar a la encimera con ímpetu atleta. Puestos a imaginarme la escena, soy capaz de visualizar como en su salto torpe y metálico se lleva por delante la botella del vinagre, la aceitera del pescado y el Tupper de harina para rebozar dejando el suelo de la cocina como el water de una gasolinera y me dan los siete males.

Por no hablar de imaginarme a la sartén dando paseos con las manos en jarrra –porque si tiene patas debería tener brazos y manos- manteniendo un monólogo terrorífico a la par que inmisericorde sobre lo divino y humano que es dotar de movimiento a una cacerola trasnochada… Eso me pasa por ver Ratatouille, que una vez que superas la musofobia no sólo eres capaz de entender a la rata cocinera removiendo con sus manitas cucharones que prometen sopas deliciosas, sino que estaría dispuesta a ver como se pelean el mortero y el almirez o como se enamora el rallador de queso del cuchillo de untar.

Ese tipo de sartenes tan arquitectónicas y almodovarianas hacen su menester en patios, corrales, chamizos y demás espacios rurales, mezclándose en el paisaje encalado con braseros, lecheras, trébedes y demás enseres, que no digo yo que no tengan su encanto; pero siento predilección por las sartenes con rabo: siendo mujer a la que le gusta manejar la situación no podría ser de otra manera. Las sartenes urbanas, Ángel, sólo con un buen mango/rabo para poder amarrarlas, allá penas si en los pueblos de España dejan en manos del azar o del capricho el alimento.

lunes

Cachorro

Nos llegó algo tarde esa fascinación mutua, he de admitirlo, pero llegó. No sé cuántas veces habré pensado en la cantidad de momentos de su vida que me perdí y ni siquiera pude recuperar a golpe de fotos. El no lo sabe, pero se me hace la boca agua y el culo pepsicola cada vez que me etiqueta en una de esas fotos de aquella infancia suya que me perdí.

Mentiría si dijera que aún es un niño y también si dijera que es un hombre: está en esa edad en la que podría pasarme un minuto hablando con él por teléfono pensando que es su madre; esa edad, digo, en la que por más que piense que ha vivido mucho le queda toda la vida por vivir.

Y eso es precioso visto desde mi edad, que es más del doble que la suya. Nos entendemos a pesar de su lenguaje abreviado y del mío rocambolesco, a pesar de su inocencia y mi zorrería -la que dan los años, nada más- de su mundo de "insti" y coleguitas, y del pavo que le pilla todo el cuerpo; supongo que le mola que esa prima de su madre, que es mayor y tiene preocupaciones y se esconde bajo la almohada para olvidar un mal día, parezca tan niñata como él, con el mismo pavo y con ganas -casi siempre- de sacarle punta a todo con tal de echarnos una risas.

Mi cachorro me desarma cuando escribe algo así como tk kchorriya aunque le cueste acercarse cuando nos veamos y mostrarse igual de cálido, pero yo intuyo que le encantaría estrujarme, porque a mí me pasa lo mismo.

Mi cachorro, es mucho cachorro... y espero que sea así por mucho tiempo

Mojitos

Me pregunto si cada vez que un machito-ponce me confunde con una dominicana/cubana/colombiana ve en mí lo mismo que yo en ellas, que a primera vista suele ser un contoneo fogoso casi elegante, casi vulgar. Y no me atrevo a preguntar, porque cuando lo hago, a modo de respuesta recibo inexcusablemente el tópico argumento: boca, pechos, culo, color de piel.

No me convence, naturalmente, pero debe haber algo cuando no se trata de un hecho aislado. Cuando alguien me pregunta dé dónde eres, está claro que se imagina que la respuesta podría ser cualquiera, menos española. He pasado por india, marroquí, cubana, brasileña, dominicana,... y casi sin salir de España; miedo me da hacer uno de esos viajes exóticos en los que la layenda dice que se truecan camellos por mujeres, y mi reinado fantástico se vea desdibujado a golpe shari

Es broma. Algo debe haber cuando es algo que lejos de ser extraordinario es habitual que unos y otros me asocien sin lugar a dudas con lugares tan remotos de los que parezco no estar tan lejos como yo creía.

Hace un par de días -exactamente un par de noches- sin ir más lejos, fue la última vez que me ocurrió. Un apuesto caribeño me abordó entusiasta creyéndome tan dominicana como ese Brugal que nunca me gustó tanto como el Cacique.

Una vez aclarada su duda sobre mi origen y aprovechando la coyuntura, el joven me invitó a bailar una bachata que yo confesé no saber bailar más que a mi aire, con lo que ante su insistencia y mi aburrimiento accedí a que me tomara la cintura con descaro y me mirara con ganas de clavármela. Tenía unos ojos almendrados bien chéveres, planta de galán de telenovela y una sonrisa maravillosa, y blanca, como esos calcetines blancos que rompieron el hechizo. No me quitó el ojo de encima de toda la noche -yo tampoco, claro, de haberlo hecho no podría saber que me miraba con ganas de mambo- ni siquiera cuando se lo conté a mi chico y éste marcó su territorio con un lengüetazo de los que llegan a los riñones después de dar la vuelta por todo el cuepo.

A mi esos arrebatos de "yo no estoy celoso" me chiflan, para qué voy a engañarme. Pero mi reinado caribeño de una noche de otoño no había hecho más que empezar: mi cubano bello se encargó de pasearme, y de sembrar ante el respetable la duda acerca de mi origen. Está claro que no hay nada que me guste más de mi cubano -salvo esa cara endiabladamente guapa- que me llame "mi negra". Bueno, su culo también suma bastantes puntos, pero el "mi negra" p'acá "mi negra" p'allá... me enloquece porque me convierte en reina del caribe al lado del pirata -y superviviente- más macizo de la isla de asfalto en que convierte su santuario latino.

Varias mozas de vestidos mínimos y aires de mujer fatal anduvieron a la zaga, lo que hizo que disfrutara aún más de la condescendencia de mi anfitrión, algo que aderezado con varios mojitos y música sensual y envolvente facilita la exaltación y permite ver sin menoscabos tensiones sexuales flotando en el aire. Y no tan flotando.

En mitad de este espectáculo noctámbulo de libido a flor de piel, se me acercó una señora estupenda en tanto que yo bailaba poseída por mi enigmático origen tropical para arrollarme con este comentario: por más que queramos no podemos si quiera llegar a imitaros, llevais el ritmo en el cuerpo y la sensualidad en la sangre... obviamente, la angostura había comenzado a hacer su efecto en mí y no entendí lo que me estaba diciendo hasta que remató con un las cubanas sois puro fuego.

Por la Caridad del Cobre, Yemanyá y todas la vírgenes del mundo mundial! Esta mujer realmente alucinó cuando de mi boca sensual y latina vomité un divertido soy de Vallecas

La mujer sintió un ridículo proporcional a la dimensión de mi ego, que ya a esas horas, ocupaba algo más de la mitad de la pista de baile, y aquel comentario dio lugar a otros, y aquellos otros a un intercambio de direcciones de correo. Acompañaban a esta cuarentona atractiva e ingenua una rubia casi despampanante y dos señores con alopecia; uno de ellos resultó ser director de un banco, y la rubia concejala del Psoe de un lugar cuyo nombre no desvelaré. Las rojas nos las gastamos así.

Dio de sí más de lo que esperaba esta casi despedida; mi cubano es tan imprevisible que lo mismo nos da la alegría de desdecirse y quedarse, pero allá donde estés prometo ser "tu negra" en la pobreza, en la riqueza, en la pista de baile, en mi chaise-longue y allá donde el sol siga dorando las costuras de esa piel algo menos morena que la mía.

Esta vez la resaca valió la pena

sábado

No es lo mismo

No es lo mismo sacar el dulce de membrillo que sacarle al dulce miembro brillo

No es lo mismo Lino prestame tu remo, que prestame tu remolino

No es lo mismo tu hermana en el jardin del eden que le den a tu hermana en el jardin

No es lo mismo los huevos de la araña negra que negra ven y arañame los huevos

No es lo mismo Concha, sube a la azotea y pon al fresco el besugo que Concha, sube a la azotea y ponte fresca que ahora subo.

No es lo mismo una choza chica en Capri que una chica caprichosa.

No es lo mismo textos y versículos que versos y testículos.

No es lo mismo tengo ovarios encogidos que tengo cogidos a varios

No es lo mismo los palos de la reja que los pelos de la raja.

No es lo mismo la Reina de Java que se dejaba la Reina.

No es lo mismo ver que tienes poca guita que qué poca verguita tienes

No es lo mismo en la calle Zaragoza que Sara goza en la calle.

No es lo mismo encabezar el pelotón que empelotar al cabezón.

No es lo mismo el equilibrista tiene sesos que el equilibrista se sostiene.

No es lo mismo sentir un hambre atroz que sentir un hombre atrás.

No es lo mismo señora de Melo que démelo señora.

No es lo mismo pásame la pinza que písame la panza.

No es lo mismo perder un minuto en la vida que perder la vida en un minuto.

No es lo mismo tener una familia en la Mancha que tener una mancha en la familia.

No es lo mismo decir me meto a un baño turco, que un turco te lo meta en el baño

No es lo mismo decir un pájaro de alto vuelo, que el pájaro de tu abuelo

No es lo mismo decir la vecina de arriba, que arriba de la vecina

No es lo mismo decir tu hermana en el jardín del Edén, que le den a tu hermana en el jardín

No es lo mismo decir Demetrio Sacarias Saturnino Fajardo, que Demeterlo Sacarlo Sacudirlo y Guardarlo

No es lo mismo decir Maria Montes, a que te montes a la Maria

No es lo mismo decir la luna tiene cierto crepúsculo oscuro, que tengo cierto pelo crespo en el culo

No es lo mismo decir ir a las ruinas de Macchu Picchu, a que venga un machu te meta el pichu y te deje en ruinas

No es lo mismo decir dos tazas de te, que dos tetazas

No es lo mismo decir Juan, Melon y Tierra, que Juan me lo entierra

No es lo mismo decir tubérculo, que ver tu culo

No es lo mismo decir la hija del rajaha, que la rajaha de la hija

No es lo mismo decir una pelota negra, que una negra en pelotas

No es lo mismo decir un cura con sotana negra, que un cura en el sótano con una negra

No es lo mismo, el rio Missisippi que me hice pipí en el río

No es lo mismo detesto los libros que los libros de texto

No es lo mismo la tormenta se avecina, que la vecina se atormenta.

No es lo mismo un metro de encaje negro, que un negro te encaje un metro

No es lo mismo un bote rengo que un yate cojo!